Recuerdo perfectamente cuando empecé a verla, aunque en aquel momento ni sabía lo que era ni su nombre. Fue en los recreativos de Terrassa, en mi caso en el antiguo New Park de la Rambla. De repente empezaron a aparecer máquinas diferentes, para nosotros era como unos Street Fighters, pero mejores, con unos gráficos que no habías visto nunca. Personajes enormes, zoom en los combates con el Art of Fighting que te dejaba con la boca abierta, y esos combates por equipos del King of Fighters que eran otra cosa completamente distinta a todo lo que conocías. Solo sabíamos que aquellas recreativas eran distintas porque en la pantalla ponía algo así como «100 Mega Shock» y el logo de SNK Neo Geo. No sabíamos muy bien qué compañía era, pero sabíamos que aquello era diferente. Especial.

Hay consolas y consolas, luego está Neo Geo.

Luego ya se empezaba a leer en la Hobby Consolas sobre ella, y ahí empezó la magia de verdad. Porque Hobby Consolas te lo explicaba todo con esa pasión que tenían, y la Neo Geo aparecía en sus páginas como lo que era: el Rolls Royce de los 16 bits. La recreativa en casa. Así nos la vendían, y así era. El problema, claro, es que un Rolls Royce no está al alcance de cualquiera, y menos de un crio de Terrassa con la paga justa para ir tirando.

Había que soñar, y vaya si soñábamos.

La Neo Geo era como un animal mitológico en nuestro grupo de amigos. Siempre había alguien que conocía a alguien que la tenía. Pero verla no la había visto ni el tato, deseábamos que alguien nos invitara a jugar con su conocido que la tenía, pero nunca llegó. Tan lejos como tener un Rolls. Y lo curioso es que nunca lo vivimos con frustración, que conste. Era más bien ilusión pura, pasión, casi como soñar despierto. Recortabas las fotos de las revistas, leías cada análisis como si fuera literatura, y te conformabas con lo que podías. Yo me compré el Samurai Shodown de Game Boy, con sus gráficos en verde y verde y su pantallita pequeña, y para mí era un tesoro. La versión enana de ese mundo mitológico, pero mía. Pagada con ahorro constante, como todo en aquella época.

Los únicos que conocimos que tuvieron algo parecido fueron unos amigos que se hicieron con una Neo Geo CD. La versión «asequible», entre muchas comillas. Cuando podíamos, nos plantábamos en su casa a jugar al KOF 98, con aquel mando de microswitches de la Neo Geo CD, esos juegos exclusivos del CD. Y había una regla no escrita entre todos: no cambies de personaje. Porque si cambiabas de personaje, el tiempo de carga era eterno. Pequeños sacrificios para poder jugar más rato optimizando el tiempo.

Y luego llegó el NeoRage. No recuerdo exactamente cómo apareció en el grupo, supongo que fue el boca a boca de toda la vida, un amigo que un día te enseña algo en su PC y de repente todos queréis un PC. El NeoRage era un emulador específico de Neo Geo, y gracias a él por fin pudimos jugar todo el catálogo sin créditos, sin esperas, sin límites. Los de lucha eran los que más machacábamos, pero los Metal Slug y los de naves tampoco se libraban. Yo personalmente gasté horas y horas en el KOF 98, en Last Blade 2 y en Garou: Mark of the Wolves. Por fin el catálogo completo al alcance, aunque fuera así. No era lo mismo que el hardware real, pero era lo que había, y lo disfrutamos como enanos.

Todo esto lo viví con mis amigos y mi sobretodo con mi primo. Con él crecí jugando, con él flipé en los recreativos, con él leí las revistas, los VHS de publicidad de las revistas y claro, soñábamos con tener algún día una Neo Geo de verdad. Y mira, los sueños a veces se cumplen, aunque lleguen tarde.

De adultos, mi primo se hizo con una Neo Geo AES de segunda mano y un buen puñado de cartuchos. Ahí cumplimos el sueño, tarde pero se cumplió. Nos sentamos delante de esa máquina como si tuviéramos 15 años otra vez. Pero la vida da vueltas, y cuando el decidió comprarse un piso tuvo que vender la colección para juntar dinero. Y como no podía ser de otra manera, esa Neo Geo no podía salir de la familia. Me la quedé yo, junto al cartucho de The Last Blade 2. Esa consola tenía que seguir entre nosotros. Así que sí, tengo una Neo Geo AES original en casa, y cada vez que la miro pienso en todo lo que costó llegar hasta ella.

Y entonces SNK y Plaion anuncian la Neo Geo AES+. Y Niko, los amigos y yo volvemos a hablar de ella como si tuviéramos 15 años.

Porque esto es lo que hace la nueva Neo Geo AES+: te devuelve esa ilusión de golpe. El lanzamiento está previsto para el 12 de noviembre de 2026, con reservas ya disponibles, y el precio de entrada es de 199,99 euros. Sí, 199 euros. Lo que en los 90 era un sueño imposible, hoy tiene un precio que, aunque no es barato, está en otro universo comparado con lo que costaba la original.

Pero lo realmente importante no es el precio. Es cómo han decidido hacerla. Porque SNK no ha tomado el camino fácil de meter emulación y listo. La AES+ utiliza hardware dedicado ASIC, lo que significa que reproduce el comportamiento original de los juegos de forma fiel, sin los atajos de la emulación. Y el detalle que más me ha llamado la atención, y que creo que es un movimiento maestro: es compatible con los cartuchos originales de Neo Geo AES. Los mismos de toda la vida. Podré usar mi Last Blade 2. Funcionan en la máquina nueva y en la antigua. Eso no es un detalle menor, eso es un gesto hacia los que llevamos décadas con esto.

El lanzamiento viene en varias ediciones. La edición blanca, pensada para el 35 aniversario, incluye la consola, arcade stick wireless, el juego de Metal Slug y memory card. La edición negra, ya más completa y más para los que quieren el pack completo, trae 10 cartuchos — Metal Slug, KOF 2002, Garou: Mark of the Wolves, Samurai Shodown V Special, Pulstar, Twinkle Star Sprites, Magician Lord, y más — además de expositor para los cartuchos, mandos con y sin cable y dongles wireless. Y hay planes de lanzar hasta 70 juegos en cartucho físico compatibles con la consola.

Mi primo me decía estos días que con esto ya se han cumplido los dos sueños de videojuegos que tenía. Y tiene razón. Comprar una Neo Geo nueva de trinca en su lanzamiento, algo que de niños era directamente imposible, ahora es una realidad. Un sueño compartido que arrancó en los recreativos de Terrassa mirando pantallas que ponían «100 Mega Shock» y que, treinta años después, tiene un cierre que ninguno de los dos esperábamos. El otro sueño se cumplió con la salida del Fatal Fury: City of the Wolves, o lo que es lo mismo el sucesor espiritual del Garou original, ese que esperamos más de veinte años.

Casi seguro que la compro. ¿Cómo no hacerlo?