Me llamo Nando, aunque por aquí me conoceréis como FireBrand.


Nací en 1979, que viene a ser más o menos cuando los videojuegos también nacían. No sé si fue casualidad o destino, pero el caso es que los dos crecimos juntos, para bien o para mal. Siempre fui ese niño raro que necesitaba saber cómo funcionaban las cosas — desmontar, abrir, investigar. Que le encantaban los cómics, las pelis, las historias. Y que se volvía loco con cualquier cosa que tuviese botones.

Los videojuegos llegaron a mi vida de manera orgánica, como llegan las cosas buenas. Sin un momento concreto que pueda señalar en el calendario. Mi vecino tenía un ordenador de esos de cassette — ni sé qué modelo era, era pequeño e ignorante, ya lo sé — y yo recuerdo poner la cinta a cargar y salir a jugar a la calle mientras cargaba, porque aquello tardaba lo que tardaba. Luego estaban los amigos del cole con sus ordenadores de pantalla verde, sus Nintendos, sus Segas. Y así, entre vecinos y amigos, entre cintas y cartuchos y monedas en los recreativos, encontré algo que ya no me ha soltado.

Eso es lo que intento hacer aquí, en retroboyandgirl. Recuperar esa sensación. Escribir sobre los juegos, las consolas, las revistas, las películas y los cómics que nos formaron como personas. Sin pretensiones, sin postureo, con la misma ilusión de crío que ponía la cinta a cargar y se iba a esperar.

FireBrand es mi alter ego, mi nombre de guerra. Pero detrás está Nando, el mismo que se quedaba con la boca abierta en los recreativos de Terrassa mirando gráficos que no había visto nunca.

Bienvenido a retroboyandgirl. Aquí somos de los que recuerdan.